Una sonrisa dulzona que tan infinitamente le descoloca la mirada
Sin duda, un objetivo no buscado, no pretendido
Pero un reflejo, ante el cabello que desciende desde su raíz.
No estoy aquí ni allí por mi género, ni por la figura de mi contorno;
Mi mente fluye, se densifica, busca, y se mimetiza en quehaceres hermosos y desprolijos.
Mis manos no son frágiles
Mi cuerpo no es etéreo
Mi voz no es dulce
Y mi entrecejo está viciado y azulejo.
No cumplo con sus expectativas y me burlo de sus consejos
Yo no nací pura, nací envuelta en el expresionismo innato de la curiosidad;
Nací en el apogeo de la basura comunicacional
En el crecimiento del imperio que quiere comprarte y a mí, quizás.
Yo nací como alma en purgatorio, pecando a cada mirada
Nací con las pupilas dilatadas
Nací con los ojos bien abiertos,
Y me eché el sensacionalismo a los bolsillos entre el polvo y restos de algodón;
No es que haya nacido omnipresente,
nací entre comentarios y burlas a mi honra;
Porque supe antes que ellos, era una simple niña con misterio.
No creo tus astucias ni hazañas
Yo prefiero volar entre tus ojos muertos e inertes,
Pardos o verdosos, no es mi proyecto.
Busco lo absurdo en los rayos de sol que me sonrojan por su calor tenue y me desbordan;
Porque la sencillez se llama transparencia,
No me busques muerta, búscame en la hoguera
Ahí me quemo lento, por el calor de las letras.
El humo y tu boca que habla pronunciando sin decir palabras necias
Me seduce, me arraiga nuevamente, y me voy
Me alejo entre la neblina mañanera de tu subconsciente
Porque yo no nací estática
Yo busco como si fuera mi lema, un poema, un verso,
Como si fuera tú diadema.
Yo no soy de nadie, soy del viento
Ayleen Castro, Estudiante de Derecho.
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