A mis espaldas
despaciosamente
en un placido silencio
donde las estrellas pugnan por parecer mas radiantes en el éter
donde el zorro tímido nos observa
le digo adiós a la inmensidad.
Aquellos gigantes lagos de rocas marchitas
poco a poco
desdeñan mis recuerdos
donde pertenecí
con otros iguales,
palpando el glacial en mi faz, como cuchillos muertos
me alejo de este lugar eterno
que danza en las alturas,
se aleja de mí
llevándose
en el crepúsculo de las horas
parte de mi vida.
Yo
me robo sus soles, sus pasos, y su silencio.
Raimundo Medina.
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