A lo largo del período histórico tanto en oriente como en occidente, la cuestión sobre lo real ha sido los puntos de partida referente, para las indagaciones tanto científicos como especulativos de las tradiciones filosóficas. Sería un insulto el no citar la perspectiva de Platón (428 a. C.) sobre las ideas, en la cual este mundo fenoménico que nos es aprehensible con los sentidos, solo es una reestructuración o copia de un mundo más allá del que nos es dado, algo trascendente, y que tras nuestra desintegración a la nada podemos conocer. No es baladí que en la pintura renacentista titulada “La escuela de Atenas” de Rafael, platón mismo utilice su índice para referirse a lo supremo y profundizar en la cuestión sobre lo trascendente, inclusive sobre lo que hay “más allá”.
Ahora bien, nuestra percepción sobre lo real y lo ilusorio: ¿podrá ser una reducción fenomenológica frente a lo dado, y nuestra individualidad brinda el significado y sentido al mundo?
Schopenhauer (1788-1860) mismo redujo al sujeto al simple hecho de vivir en la falsedad de lo finito, finitud que se expresó en que la voluntad (entendida como esta continua interioridad que maneja toda forma de vida en la consecución de la satisfacción del deseo, voluntad homologada al concepto de libido acuñado por Freud) rige la conducta del sujeto, creyéndole a sí mismo poseer de una racionalidad tal que la conducta tenía su origen en el aspecto autónomo del sujeto. Sin embargo ¿Qué cuestionamiento de la realidad que hay en esto? Aquí es donde la Voluntad schopenhaueriana hace acto de presencia. Una antigua tradición filosófica en India, llamada así mismo Vedanta que se manifiesta en 4 textos sagrados en sánscrito que habla sobre el aspecto ilusorio sobre la realidad, en este sentido, Schopenhauer anuncia en su obra más celebre “El Mundo como voluntad y representación” (1818), cómo la realidad misma tiende a desplegarse en dos polos. Estos polos tienen su procedencia en la filosofía Kantiana propia de la época del filósofo, en que la realidad desde el sujeto se construía desde lo fenoménico, lo que sería el mundo empírico y aprehensible desde los 5 sentidos propios de lo humano, como por ejemplo, usted lector interesado está mirando su dispositivo tecnológico por la cual puede acceder a este blog y leer este artículo. El Noúmeno o la otredad de lo fenoménico, hace referencia a ese mundo suprasensible, llámese Mundo de las Ideas, Dios desde la tradición tomística, etc. Estos textos sagrado anuncia el concepto de Velo de Maya, este velo que cubre ese mundo nouménico, y que solo se nos presenta como fenoménico, en que el sujeto y su voluntad viven remitidos sólo a la vida hedonista, pretendiendo ser libres de sí mismos, pero convertidos en esclavos de las pasiones. La realidad desde este punto, es una ilusión entre la dualidad libertad/esclavo, pretendiendo entrar en ese mundo trascendente mediante el ascetismo.
Cabe mencionar que esto es solo una mirada pesimista sobre la existencia del sujeto frente a su mundo, pero es una interpretación que se puede hacer desde distintas miradas. Como por ejemplo la filosofía estructuralista de la posmodernidad. El foco en esta época iba de lleno a la interpretación lingüística sobre lo real, empero de las escuelas propias de la Academia y filosofía Helenista. Un ejemplo de lo contemporáneo sería partir desde Jacques Derrida (1930-2004) y su texto más célebre De la gramatología (1967) donde hace un análisis lingüístico de la realidad, terminando así este apartado con pretensiones explicativas, con una de sus frases distintivas: “Nada hay fuera del texto”.
Marcelo Betanzo Hernández, Estudiante de Psicología.
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